Arena y Pasado

Proclamada por la Unesco Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad, en 1993, La Coro colonial permanece inalterada y protegida en su casco de calles empedradas. Allí, antiguas residencias permanecen de pie, de la misma manera señorial de antaño.

En la esquina de la calle Colón está la Casa del Tesoro, llamada así debido a la gran riqueza de su primer dueño, Andrés de Talavera, quien murió sin decir dónde escondió su fortuna. En esos tiempos era costumbre enterrarla en las inmediaciones de su propiedad, pero el secreto permanece, más aún cuando en una restauración reciente se encontró un túnel, a siete metros de profundidad, que no ha sido excavado en su totalidad. Frente a ella, la Casa de las Ventanas de Hierro, con una "síntesis coriano-antillana", tal como lo dice Carlos González Baptista en su libro "Coro, donde empieza Venezuela". Su fachada es de estilo popular, que sobrepasa los siete metros de altura, y sus ventanas se caracterizan por sus rejas hechas en hierro, a diferencia de la madera que generalmente se usaba. Ambas casas se han instituido en sendos museos, para conocer la forma en que vivían en esa época, todo ello explicado por guías bien instruidos.

Frente a ellas está la Casa de los Soto, que resalta por ser una de las pocas que sigue pintada con los colores fuertes que se usaban en la colonia.

El Balcón de los Arcaya es otra de las soberbias casas del casco colonial. Actualmente este edificio de dos pisos sirve como sede al Museo de Cerámica Histórica y Loza Popular, donde además se pueden ver fósiles de animales prehistóricos, como el mastodonte, hallados en excavaciones efectuadas muy cerca de Coro.

Desde todos los ángulos, se puede observar la cruz que corona el campanario de la Catedral, la construcción religiosa más importante de Venezuela hasta los primeros años del siglo XVIII. Otro monumento religioso importante es la iglesia de San Clemente, donde se manifiesta la influencia holandesa-curazoleña, y junto a ella se encuentra la Cruz de San Clemente, hecha con la madera del cují bajo el cual se celebró la primera misa de la Provincia de Venezuela.

Una visita a Coro no es completa si no se entra al Museo Diocesano Lucas Guillermo Castillo, al lado de la Catedral, y al Museo de Arte Contemporáneo, en la casa del Balcón de los Bolívar, y que recuerda el haber sido morada del Libertador. El primero muestra tesoros de oro y plata pertenecientes a la Iglesia desde los primeros tiempos o donados por algunas familias mantuanas, entre otras reliquias, en sus dos pisos de historia católica y coriana. El Museo de Arte Contemporáneo tiene en exhibición permanente una importante colección, que es completada por las exposiciones itinerantes que muestran las obras de noveles artistas.

Alrededores corianos

Fuera de la ciudad de Coro existe diversión en los espectaculares paisajes naturales de la región. La Vela de Coro, por ejemplo, es el lugar donde desembarcó en 1806 el generalísimo Francisco de Miranda, trayendo consigo la bandera tricolor,actual símbolo patrio de Venezuela.

Tanto en el puerto de La Vela como en Puerto Cumarebo existen edificaciones antiguas muy importantes y en ambos pueblos se puede tomar un refrescante baño en las tranquilas aguas del mar Caribe, y broncearse en la bahía que se forma por el permanente paso de las arenas.

Todas las arenas que atraviesan La Vela toman un largo descanso en su recorrido en los Médanos de Coro. Este inmenso desierto, de arena fina y blanca, se encuentra en el istmo que une la Península de Paraguaná con tierra firme. De un lado, la capital del estado, Coro, añeja y colonial; del otro, Punto Fijo, ciudad de mercaderes, de calor; el Cabo San Román, refugio de amantes, aventureros y langostas; y las playas largas y desérticas de Adícora y El Zupí.

Los Médanos de Coro pueden ser visitados por cualquiera de sus límites, pero es recomendable quedarse a un lado de la carretera que va hacia Punto Fijo. Sus arenas, suaves y secas, que no se adhieren al cuerpo, invitan a correr, jugar, revolcarse y lanzarse por sus cuestas. Llegar muy temprano en la mañana, o ya escondiéndose el sol, es lo mejor para disfrutar de los colores intensos del cielo que contrastan con la opaca superficie.

Sand & History

Proclaimed by Unesco, in 1993, as Natural and Cultural Patrimony of Humanity, colonial Coro remains unaltered and protected in its heart of stone paved streets. Over there, old residences are still standing in the same majestic way they were in years of yore.

In the corner of Colón street is the House of Treasure, so named because of the wealth of its first owner, Andrés de Talavera, who died without telling where he had hidden his fortune. In those times it was a custom to bury treasures and valuables in the surroundings of the property, but it still remains secret, even when in a recent restoration, a tunnel seven meters depth was found, but it hasn't been dug completely. In front of this house is the House of the Iron Windows, a "Coro-Antilles synthesis" as it is explained by Carlos González Baptista in his book "Coro, where Venezuela begins". Its façade has a popular style, over seven meters high, and its windows are characterized for its wrought-iron grilles, instead of the wooden ones that were generally used. Both these houses have become museums in which to get to know the way people lived in those times.

In front of them is the Soto House, which stands out for being of the few ones that is still painted in the strong colors used in colonial times.

The Arcaya House is another of the monumental houses in the colonial area. This two-storied house is now the Museum of Historical Ceramics and Popular Tile, where there can also be admired prehistoric animal fossils, like the mastodon, found in excavations very close to Coro.

From every angle, it can be seen the cross that crowns the Cathedral bell tower, Venezuela's most important religious construction until the early years of the 18th century. Another important religious monument of the city is the San Clemente church, where the influence of both the Netherlands and Curaçao are manifested. Next to the church, is the San Clemente's Cross, made from the wood of the cují tree under which it was held the first mass at the Province of Venezuela.

A visit to Coro is not complete if two of its museums are not visited: Lucas Guillermo Castillo Diocese Museum, next to the Cathedral, and the Museum of Contemporary Arts, in the house of the Balcony of the Bolívars, which once was home of the Liberator. The Diocese Museum exhibits gold and silver treasures belonging to the Catholic Church from the early times, or donated by some "mantuano" (upper class in colonial days) families, among other important pieces. The Museum of Contemporary Arts keeps a very important collection as a permanent exhibit, complemented by temporary ones by new artists.

Coro surroundings

Outside Coro is there fun in the spectacular natural landscapes of the region. For example, la Vela de Coro is the place where General Francisco de Miranda went ashore in 1806, bringing with him the tricolor flag, current patriotic symbol of Venezuela.

In La Vela and in Puerto Cumarebo, there are very important old buildings and in both towns a refreshing swim can be taken in the calm waters of the Caribbean sea, and getting a sun tan in the bay formed by the permanent pass of the sands.

All the wind blown sands that pass by La Vela take a long rest in their journey in Coro sand dunes. This huge desert of fine white sand is in the isthmus that connects Paraguaná Peninsula with the mainland. On one side of the dunes area it is the state capital, Coro, old and colonial; on the other, it is Punto Fijo, city of merchants and heat; Cape San Román, shelter of adventurers, lovers and lobsters; and the long desert beaches Adícora and El Zupí.

Coro sand dunes can be reached through any of their limits, but it is recommended to stay on the side of the road that goes to Punto Fijo. Its sands, soft and dry, that don't stick to the body, invite to run, play, wallow, and slide down the slopes. It is best to get there very early in the morning, or when the sun is setting, to enjoy the intense colorsof the sky, contrasting with the opaque surface.


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