| Sala principal de la Quinta de Anauco
Siempre situada al frente, la sala ocupaba la habitación más grande y lujosa de la casa. Durante el siglo XVIII fue el lugar de recibo protocolar, de gran formalidad.
Las molduras del techo se pintaban y doraban de acuerdo al color de las cenefas de las cortinas y del color de los florones de donde colgaban las arañas.
Las paredes pintadas de blanco estaban cubiertas parcialmente con un zócalo de tela de damasco, papel o cuero repujado. A fines del siglo XVIII se pintarían estarcidos de colores, llamados "cintas" a imitación del papel francés. De los muros colgaban innumerables retratos de familia, láminas, espejos y cuadros religiosos; todo colocado de manera simétrica.Todos los asientos se adosaban a las paredes, para dejar el paso libre a las señoras con sus amplios vestidos. Al momento de sentarse los sirvientes acercarían las sillas al lugar escogido para la conversación.
Cuatro mesas rinconeras ocupaban las esquinas y sobre ellas se ponían los candeleros con sus guardabrisas los cuales, junto con las arañas, espejos y cornucopias, ayudarían a la iluminación. El número de velas encendidas indicaría la importancia del visitante.
El mobiliario de esta sala pertenece a la segunda mitad del siglo XVIII. |